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Un joven abogado se asocia con otro en un bufete. Con el tiempo surge
entre ellos algo más que una relación profesional.
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Hola,
como verás estoy muy contenta, y tengo motivos para estarlo.
Te cuento, que mi esposo se ha ido a trabajar por 6 meses a Canarias,
y como voy a estar solita mucho tiempo, busco gente para chatear,
hablar y hacer lo que me pidas
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Todo empezó hace 2 años, cuando me asocié con un
abogado llamado Roberto, a él lo conocí en un simposium
de Derecho que se realizó en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa,
que es donde yo vivo, desde el primer momento nació una corriente
mutua de simpatía que nos llevó a trabajar juntos en un
mismo despacho como socios, él a sus 45 años era un abogado
con más experiencia que yo, así que como quien dice el era
mi tutor en asuntos legales, yo a mis casi 30 años, me encontraba
divorciado y viviendo mi soledad, él se encontraba casado con Ana,
su mujer, señora muy guapa y preparada, tenía un hijo de
21 años, una linda jovencita de 17 y el menor de 9 años,
durante 5 meses nuestra relación fue puramente de trabajo, mi amigo,
era un hombre no muy guapo, bien conservado y con mucha experiencia como
profesionista, su porte impactaba a más de una mujer, la verdad
era que yo me consideraba heterosexual, pero ese hombre hacía que
sintiera algo especial cuando estaba cerca de él, quizá
su seguridad, su capacidad, no sé, me agradaba y lo consideraba
mi amigo y maestro. Roberto, también sentía simpatía
por mí, pues en varias ocasiones me invitó a comer a su
casa y ahí conocí a Ana su esposa, y a sus hijos, de hecho
me sentía como parte de la familia, todos muy amables conmigo.
Un
día llegó un cliente con un asunto muy difícil, así
que en el despacho estuvimos analizando el asunto por varios días
Roberto y yo, así que al quinto día de analizarlo, y tras
acaloradas discusiones de cómo entrarle a ese negocio, pues él
tenía su idea y yo la mía, no dábamos con la solución.
Quedamos
en la oficina hasta tarde, hasta que por fin decidimos cómo hacer
la demanda, exhaustos y cansados de todo un día de trabajar, así
que lo invité a tomarnos unas copas, Roberto aceptó, lo
llevé a un bar con variedad, en el cual se exhibían travestis,
cuando empezó la variedad él no dijo nada, estuvimos platicando
y viendo la variedad. ¿Qué te parece?- de repente me dijo-
Te refieres a los travestis-contesté- sí así es-
me dijo- La verdad hay algunos que parecen mujeres, están muy "bonitas"-
Sí verdad, con una de esas sí me voy de farra- contestó
soltando la carcajada- ¿ A poco te irías con un hombre a
la cama?- Le dije de la manera más natural posible, pues tan sólo
de decirlo tenía una erección increíble- No sé,
a lo mejor- me contestó. Del bar salimos como a las 12 de la noche
íbamos algo pasados de copas, ¿ te llevo a tu casa? Le pregunté-
No, mejor vamos dormir la mona en la tuya, pues Ana se va a molestar,
pues nunca tomo, y de verme tomado me va armar bronca- Ok, vamos a la
casa- le contesté- En el camino Roberto iba cabeceando, por la
borrachera, a mí hasta se me había bajado por la excitación
de pensar tenerlo bajo mi mismo techo y solos, sudaba y mi miembro cabeceaba
debajo del pantalón. Cuando llegamos a mi departamento, a duras
penas logré subirlo, lo acosté en mi cama y no perdí
la oportunidad de quitarle la ropa, le quité el saco y la camisa,
luego los pantalones, y quedó en calzoncillos, mi verga estaba
a punto de reventar, estaba en la encrucijada de qué hacer con
ese hombre que tanto admiraba, y hoy me daba cuenta, deseaba también,
me desvestí, y quedé en calzoncillos, traté de dormir,
pero su respiración acompasada, me decían que estaba bien
borracho, y era un momento muy tentador, pensé que no tenía
derecho de ultrajar un cuerpo inerte, la tentación me venció,
con mi mano, de manera muy despacio, me fui directamente hacia su verga,
la cual yacía como él: inerte, pero a pesar de eso pude
sentirla muy gruesa y como de 10 cm en ese estado, la acaricie un rato,
después de nalgas, me repegué a él, centrando su
pene en mi ano, mientras quedamente me masturbaba, al poco rato tuve una
deliciosa venida, y así me quedé dormido, a la mañana
siguiente al despertar Roberto ya se había ido, dejando un recado
en el buró, pidiéndome me reportara a la oficina a las 11
de la mañana, en mi mente daban vueltas mil cosas, me preguntaba,
si al despertar él en qué posición me encontró,
pues me había quedado dormido repegado a él, si así
me encontró no sabría qué cara poner cuando lo viera
en la oficina. Me levanté, desayuné y me dirigí de
inmediato al despacho, al llegar él tenía una cara sonriente
y algo abotagada por el desvelo y la cruda- Buenos Dias- saludé-
hola qué tal- respondí, como te fue de cruda agregó-
Más o menos y a ti- pues me siento muy crudo, pero hay que trabajar-
me dijo- Sí así es, oye Roberto, ¿a qué horas
despertaste?, como a las 7 de la mañana- me contestó- estabas
muy dormido y no quise despertarte- orale, gracias, pero me hubieras despertado-
le dije- él sólo se sonrió, y lo hizo de una manera
que me hizo enrojecer- qué te pasa me dijo- nada- contesté
tímidamente- ¿Te avergüenza ser gay?- me lo dijo tan
rápidamente que no hallé qué contestar. Me di cuenta
de tus caricias anoche, y también de tu masturbación. Yo
estaba como estatua-Perdóname- atiné a decir- Mira Miguel,
me dijo, tu sabes que yo soy heterosexual- me dijo- Sí- contesté
rápidamente- Bueno así lo creía hasta anoche -agregó-
pero me gustó lo que hiciste, así que me gustaría
intentar una relación contigo- ¿de verdad? Le dije- si,
pero no estoy interesado en un acostón y ya, me gustaría
que nos tratáramos más, como pareja obviamente- No lo puedo
creer Roberto- le dije totalmente sacado de onda y feliz, muy feliz- Pues
vamos intentándolo a ver qué pasa, ¿ok?- Esta bien
le dije. Él se acercó a mí y me dio un beso en la
boca, a lo cual en un principio no correspondí, pues un cúmulo
de sensaciones vinieron a mí, pues nunca me había besado
un hombre, pero luego correpondí, nuestras lenguas se entremezclaron,
sus manos recorrieron mi espalda, bajando hasta mis nalgas, yo metí
mi mano por su camisa y pude sentir su pecho amplio y velludo, con la
otra mano busqué su verga, la cual estaba durísima. Para
me dijo, aquí nos pueden cachar, mejor lo dejamos para la noche
en tu departamento,- sí claro es mejor contesté- Ya no pude
trabajar en paz, de imaginar las escenas pasadas, sus besos, sus caricias
y lo que iba a suceder en la noche, el puro pensarlo me provocó
un espasmo en mi ano, y mi verga estaba durísima, sabía
que me iba a coger, el hombre que yo quería, si parecía
algo horrendo ese pensamiento, que yo, todo un "hombrecito"
estuviera pensando en otro hombre y en su verga, pero así era,
me sentía, como me imagino se siente cualquier mujer, que sabe
que al salir se va a ver con su amante.
Al
llegar la tarde salimos como si nada del despacho, llegamos a la farmacia,
y Roberto se bajó y compró lubricante y una bombita, la
cual en ese momento no supe para qué era, llegando a la casa, me
dijo, mira con esta bombita, te vas a introducir agua en el ano, llénalo
varias veces y métetelo, vas a sentir ganas de evacuar, aguántate
lo más que puedas y sigue echándole agua a ese culito- yo
obediente así lo hice, entré en el sanitario y me hice,
lo que hoy se llama enema, evacué todas las heces fecales, cuando
salí, Roberto se había puesto una bata, donde se veía
que no traía nada debajo, me dijo ven acá chiquillo, que
yo te haré feliz y te daré toda la verga que necesitas-
sus palabras me excitaron de una manera increíble, mi verga amenazó
con romper mis pantalones, me acercó a él y empezó
a besarme, metió su lengua en mi boca y empezó a besarme
y acariciar mis nalgas, me quitó la camisa con prisa, luego el
pantalón y los calzoncillos, después él se quitó
la bata y pude apreciar una verga no muy grande, como de unos 16 cm pero
sí muy gruesa, me siguió besando el cuello mientras yo le
acariciaba el pene con mis manos,-mámalo- me dijo- Gustoso acepté
la orden y me acerqué a ese grueso pedazo de carne de mis amores,
lo comencé lamiendo, mientras él buscaba mis nalgas para
estrujarlas con fuerza, yo seguí tratando de hacer caber ese grueso
tronco en mi boca, Roberto agarraba mis nalgas y con otra mano le daba
masaje a mi verga, la cual estaba dura, de repente él me quitó
de mi mamada, me volteó hincado y se acercó a mi ano, empezó
a lamerlo , el placer me invadió, sentí casi desmayar-¡auuuch!
Qué rico- exclamaba yo, sigue sigue, su lengua la hundía
en mi ano a manera de pequeño pene, una oleada caliente subía
y bajaba de mis testículos hacia mi ano, después empezó
a untarle a mi ano abundante lubricante, el momento de pertenecerle había
llegado, acercó la punta de su grueso tolete y presionó
sobre mi lubricado culito, los pliegues de mi ano, opusieron resistencia
a ese intruso más poderoso que ellos, el dolor empezó agudo-
aaaggggg esto duele- sí, pero querías verga verdad Miguel,
ahí la tienes, mi ano se negaba a dar alojamiento a esa tan gorda
humanidad, después de 10 minutos de intensos dolores, Roberto no
pudo introducirlo en mi apretado culito- Mejor adminístrate tu
dolor me dijo-para este momento ya no sabía si era placer o dolor
lo que sentía, pero el al ver mi indecisión empezó
a besarme y acariciar mi pene, el cual reaccionó, así mientras
me acariciaba el pene, me subió sobre él, ya arriba siguió
haciendo lo mismo, yo busqué su pene y lo dirigí con resolución
sobre mi dolorido culito, puse presión de mi peso sobre su verga
y entró la mitad, ahí me quedé unos minutos para
acostumbrarme, enseguida dejé caer completamente mi cuerpo sobre
su verga y se hundió todo el pene en mi ano- agggg me matas- Roberto
sólo miraba mis expresiones, y me dijo-empieza a moverte- así
lo hice, empecé a subir y bajar sobre ese pene, el dolor fue desapareciendo,
y un calor en mis entrañas empezó a llenarme, como un anestésico
sobre mi ano, Roberto mientras subía y bajaba atendía mi
verga acariciándola- qué rico te mueves mi niño-
me decía- así te quería tener- Cógeme todo
le decía yo- me matas de placer- ago, qué rica verga tienes
Roberto, siempre soñé con tenerte hasta el fondo de mis
entrañas, mis subidas y bajadas se hacían más rápidas
y a cada sentón sentía cómo topaba aquella verga
en mis paredes intestinales, Roberto me detuvo, y sin sacármela
me recostó sobre la cama y abrió mis piernas y las puso
sobre sus hombros, empezó a bombearme, de una manera lenta que
me hacía estremecer a cada estocada, con mi mano yo busqué
mi verga y empecé a masturbarme, Roberto aumentó la velocidad
de sus embestidas, sentí casi al mismo tiempo como su semen inundaba
mis entrañas y el mío le embarraba su pecho.
Desde
esa fecha, somos amantes, y socios, aún más hasta hice el
amor con su hijo de 21 años, pero esa será otra historia.
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